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Con las disculpas del caso, al no encontrar ésta poesía no recitada, si no vivida por Pablo, les dejo aquí uno de los homenajes que le han hecho, en su poesía cantada, años después de su muerte… ¡Qué injusto que valoremos a las personas cuando ya se han ido!… Pero sin más preámbulos:

Poema 15 – Me gustas cuando callas (Neruda) – YouTube.

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Aunque particularmente, Pablo Neruda no es uno de mis poetas predilectos, debo admitir, que sí ha llegado a mí, con dos de su poesías, probablemente las más comunes, y las más inspiradores, extraídas de su libro “Antología General”,  recitadas para mayor acogida, y para evitar el “aburrimiento de leer poesías sin sentimientos”, pues ¡quién mejor para hacernos sentir sus poesías que el mismo autor!… A continuación una de ellas, con la promesa de encontrar la otra lo antes posible, en la lectura del mismo Pablo Neruda antes de morir…

Puedo escribir los versos mas tristes esta noche Pablo Neruda Poema XX – YouTube.

 

Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

(…)

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

(…)

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

(…)

Corriendo los años, pasó mucho tiempo…
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros…

Miguel Ramos Carrión

 

Sin duda, el poema que más me ha hecho sentir, que me entristece, me llega, aún largo como es, inspira tantas cosas…