madurez

Cita  —  Publicado: febrero 6, 2014 en Uncategorized
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Debía ser sincera, lo sabía, él era la única persona que le había demostrado  que se puede cambiar, y que a pesar de sus errores, no se había alejado. Que no la juzgaba, y le decía todo lo que pensaba sin importarle la crudeza de sus palabras. Precisamente esa persona, le decía que estaba arrepentido de cambiar. Ella no sabía cómo explicarle, que él era el motivo por el que había decidido seguir, que si no fuera por él, se hubiese convertido en un monstruo, hubiese malgastado su vida, estuviese deshecha. Él no entendía que con sus lágrimas intentaba explicarle que era el responsable de que estuviese viva. Que cuando todos habían perdido la fe en ella, él le demostró que confiaba en su bondad. Que sin creer en Dios, había hecho el acto de fe más significativo, que había salvado un alma. No entendía que no podía odiar a todo el jardín porque una flor lo pinchó.

Ella no asimilaba  como alguien que valía tanto podía estar tan triste. Alguien que lo tenía todo, y estaba decidiendo cerrarse de nuevo a un universo que le había demostrado las hazañas de las que era capaz, que le había delimitado su misión ¿No le bastaba?

¿No le bastaba a ella también ese ejemplo para asumir su vida y luchar por sus intereses? ¿Por qué debía ponerse límites? ¿Por qué no desaparecía su miedo? En esos momentos se odiaba, y quería decírselo, pero recordó que no podía. Decidió dormir, y soñar que no se cuestionaba, que se había resignado, pero hasta sus sueños le recordaban que su mente se había forjado en la duda, que había aprendido a sospechar de todo, y buscar un porqué.

Cita  —  Publicado: febrero 6, 2014 en un libro en proceso :D
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A ratos es más duro, el otro lado de la cometa, el que busca interactuar con nuevos espacios, y se encuentra con un viento arrollador. A ratos, es más duro para el que lo ha generado, que para la víctima. La confianza desaparece, el perdón se vuelve utopía, el  comenzar una nueva línea, bajo historias emborronadas, tapizar lo existente, para lograr un presente. Sobrellevar sentimientos, lágrimas y buscar un motivo. ¡Esa es la verdadera batalla!

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Cita  —  Publicado: febrero 6, 2014 en un libro en proceso :D
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Él jugaba conmigo, y yo jugaba con él. Yo lo necesitaba y, a ratos, él también me necesitaba. Era agradable tener a alguien con quien hablar, y que no le afectara en lo más mínimo. Era sensacional tener alguien que escuche cuando no necesitas un consejo, tan sólo desahogarte. No era un amigo, ni lo quería siquiera, pero lo necesitaba. Él, también a veces se olvidaba del mundo y nos divertíamos, aunque no nos uniera ningún vínculo. No le podía explicar que era relevante, pero que no podía alejarse. Era complicado, pero en ocasiones, si él no estuviera, la cotidianidad se tornaba imposible.

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Cita  —  Publicado: febrero 6, 2014 en un libro en proceso :D
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Ella había leído tanto, que de pronto se dio cuenta que era en vano, que lo único que había logrado era cerrarse por completo a sus sentimientos, que comprendía tanto al mundo que se sentía sola, que  era invulnerable al dolor, y eso la hacía sufrir. Ella cumpliría ya sus 74 libros con 15 años. Pero necesitaba actuar.

Al principio, leer era un reto. Luego, se convirtió en una pasión. Descubrió que en un libro se pueden encontrar las respuestas. Poco después, se dio cuenta que lo que creía saber, estaba fundamentado y que la riqueza de un libro podía enrumbar el camino. Pero también, con el pasar del tiempo, se dio cuenta que hay cosas que leía, que  necesitaban ser vividas, que la ley del tiempo, que la ley del amor, no puede ser descrita en palabras, y que no todo se puede comprender. Había leído mucho, pero no sabía nada, porque había olvidado vivir. Imaginaba el mundo, y podía explicarlo, pero las palabras no surgían de su boca, porque lo entendía, pero ya no sentía nada. Sabía que amaba, agradecía lo que tenía, pero el sentimiento,  había desaparecido.

Mucha gente le dijo que era madura, que tenía una amplia visión del mundo, pero nadie se atrevía a enfrentar que no sabía nada; que si bien para su edad había asimilado una buena imagen de la vida, se sentía desesperada y deprimida. Nadie entendía, que no era madura, porque la guiaban, pero con apreciaciones absurdas e idealistas. Dicen que en este mundo, todos son profesores de alguien, pero tan sólo uno de cada 100, se convierte en maestro. Ella había tenido buenos maestros, pero en el mundo,  aún gobernaban los profesores.

Necesitaba ayuda, pero estaba cansada de consejos superfluos, ya no quería escuchar a las mismas voces, que pensaban que era madura. No entendía, no sabía nada. Era como volver a empezar, había creado un mundo que no era real, y en consecuencia, estaba desapareciendo.

Conocía los problemas graves de la humanidad y de sus cercanos, pero no sabía qué hacer con ello, porque la simplicidad de su vida, esa no la comprendía. Conoció mucha gente, pero nadie la recordaba, porque su universo estaba guardado en ella, porque no lo podía decir. Podía escribir, pero en tantas ocasiones, había deseado hablar, gritar todo lo que sentía, y simplemente, debía reducirse a seguir leyendo, y esperar que el autor exprese lo que ella no podía. Cuando escribía, se podía mostrar, pero nada se podrá comparar a una conversación, no podía interrumpir lo absurdo de las personas, las trivialidades que escuchaba, empezaban a acostumbrarla a que las personas, simplemente no hablan de sí. Escribía lo que pensaba, pero lo que sentía no lo podía escribir, porque necesitaba decirlo, y no podía. Buscó su misión, el sentido, y en esa búsqueda, no encontró resultados, falló, y cayó. Cayó tan bajo, que ya no podía levantarse, porque no sentía. Ya no sabía lo que buscaba, su mente estaba atada a sus deseos pero tenía miedo, de no ser lo que esperaba.

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Cita  —  Publicado: febrero 6, 2014 en un libro en proceso :D

El leer todo aquello le resultaba gracioso, incluso ridículo. Sus pensamientos se habían enrumbado, pero esa pequeña niña con todos los temores, jamás se iría. Y es que sabía, que todas las personas tienen un lado malo, pero cuando miras ese lado por mucho rato, se hace imposible regresar al otro extremo. Entendía que no había sido buena como todos creían, e incluso como ella estaba convencida; pero, en realidad no lo había sido, todos los errores demostraban que no sabía tomar decisiones, que se había acostumbrado a un estilo de vida “buena” que apenas si la dejaba satisfecha, pero infeliz. Estaba asustada, quería cambiar, pero apenas si podía sobrevivir a las consecuencias.

Odiaba esos libros en que se complicaban la vida por tonterías, y estaba creando uno, que estaba perfectamente categorizado en esa descripción. Quería entender todo, y ser autosuficiente, triunfar como lo decían tantos absurdos libros de autosuperación, pero se sabía de memoria aquellos conceptos y ya era invulnerable a todo aquello.

Esa época en que creía entender matrimonios, problemas familiares y sociales, había sido bloqueada con un cúmulo de realidades que entendía, pero no asimilaba, y poco a poco, la mataba.

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Cita  —  Publicado: febrero 6, 2014 en un libro en proceso :D

Porque en el fondo, todos necesitamos expresar todo lo que nuestras palabras callan, porque la tormenta a ratos no es tormenta, si no puedes expresarlo. Usamos una canción, usamos una red social, que “nadie nota”, usamos incluso un silencio, no por estabilidad, sino por temor o, incluso, por rechazo.

Todos queremos sentirnos débiles a ratos, pero queremos ser vistos llenos de fortalezas. Queremos ser un ejemplo, apoyados en nuestras derrotas. Así se daba cuenta, que el caer no es solo una fase de la vida, es una necesidad, porque si no caes por voluntad del destino, te obligas a hacerlo. ¡¿Cómo explicar aquello?! No sabía si entendía, pero todo estaba muy claro, aunque a ratos no lo pudiera demostrar.

Existían tantos deseos ocultos, que era imposible entender, pero en eso consistía el ser humano, en una búsqueda que no siempre tiene resultados, pero que es parte de vivir.

Porque se había dado cuenta de detalles que no podía compartir, porque había conocido la frialdad del ser humano, y la debilidad tras aquello, porque quería permanecer firme, quería ser de hierro, pero por dentro permanecía de cristal.

Y es que nadie en este mundo era fuerte, todos estaban fingiendo, o se habían acostumbrado a serlo, y ya no notaban la diferencia. Lo disfrazaban de libertad, de diversiones, de romper esquemas, de crear nuevos paradigmas, pero no querían notar, que aquello delataba sus vacíos, sus tristezas, su incompetencia ante la vida.

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Minientrada  —  Publicado: febrero 6, 2014 en lyrics to my style
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